Mesas parlantes de Urítiba


Después de varios encuentros periódicos, en los que se ponen a prueba diversos rituales o fórmulas, comienzan a producirse una serie de fenómenos que responden a un patrón concreto. Por lo general, al principio se escuchan unos pocos crujidos o se detectan desplazamientos casi imperceptibles de la mesa, que suelen atribuirse a causas naturales fortuitas. Pero poco a poco los crujidos se transforman en golpes de variadas características e intensidades que pueden escucharse también en distintos lugares de la habitación en la que se encuentra el grupo. Otra característica de este fenómeno es que los desplazamientos se hacen cada vez más complejos y se producen notables inclinaciones y verdaderos “paseos” que obligan a los asistentes a esforzarse cada vez más para permanecer junto a la mesa. A partir de ese momento la mesa se comporta como si estuviera animada por alguna fuerza invisible e inteligente. Suele acordarse códigos de golpes o movimientos para “conversar” con ella. No todos los grupos han tenido suerte. Unos abandonan los encuentros después de semanas o meses de reunirse infructuosamente y otros logran progresar hasta distintos estadios intermedios. También difieren sus interpretaciones: algunos creen percibir a seres desencamados operando, mientras que otros se inclinan por imaginar fuerzas desconocidas relacionadas con uno, varios o todos los presentes. En la actualidad apenas existen colectivos dedicados a reproducir estos fenómenos. La mayoría de los que hay son grupos cerrados. Sin embargo, cuando visité la ciudad brasileña de Curitiba en 2004 con ocasión de la celebración de un congreso de parapsicología tuve ocasión de ver y practicar personalmente con mesas “danzantes”. Fue una experiencia fascinante, aunque -por supuesto- no detecté actividad psicokinéüca como, por ejemplo, la levitación de la mesa sin contacto.

¿Qué origina el fenómeno de las mesas parlantes? A mediados del siglo XIX se hicieron muy populares las sesiones de esta naturaleza, que aún siguen practicando algunos grupos en todo el mundo.
Como parte de una demostración de las actividades del Laboratorio de Mesas Girantes, que pertenece al Grupo de Estudio de las Facultades Integradas Espiritas (FES), dirigido por el doctor Octavio Melchyades Ulyssea, sus integrantes asumieron el desafío de explorar estados alterados de conciencia que -según dicen- las mesas girantes parecen favorecer. En estos estados se busca verificar un posible factor favorecedor de comunicación psi. “La investigación sobre mesas parlantes comenzó hace más de veinte años en el FIES -explica la psi-cóloga y fundadora del colectivo, Neyda Nerbass Ulyssea- y desde mtonces tales experiencias forman parte de las vivencias de auloconorímiento del curso de parapsicología con el objetivo de proporcionar a los alumnos conocimiettto sobre el fenómeno.” El grupo está coordinado por Nerbass Ulyssea y Lurdes Guimaraes da Silva, también psicóloga y coordinadora del curso de posgrado en Psicología Transpersonal impartido por el FIES. En un principio la dinámica de los investigadores consistía en reunirse todos los miércoles por la tarde y colocar sus manos alrededor de una mesa, sin tocarla y en estado de relajación, con la intención de que esta se moviese. Estos experimentos están filmados. “Al crear el laboratorio la idea inicial -continúa Neyda- era desvincular el fenómeno de las mesas de la tendencia espirita o religiosa y llevar a cabo un estudio científico del fenómeno con la hipótesis de que su mecanismo propulsor es alguna forma de psicokinesis, además de los estados alterados de conciencia percibidos por bs participantes durante su manifestación.” Los resultados de esta primera fase no fueron muy positivos, porque no pudieron constatar movimientos de la mesa sin que hubiera contacto con las manos.

Decidieron entonces adoptar otra metodología: tocar levemente la mesa y prestar mayor atención a sus sentimientos, emociones, sensaciones y estados de conciencia. El resultado con ese cambio fue más significativo: los integrantes del grupo comenzaron a experimentar y relatar estados alterados de conciencia y a percibir el contacto físico con alguna energía sutil.

“En una tercera fase el grupo decidió dirigir la práctica hacia la sanarían psíquica con la intención de que esa energía le fuera útil a alguien que algún miembro del grupo supiese que estaba enfermo o precisara apoyo”, señala Neyda. La mayoría de los integrantes del colectivo no conocerían a esa persona e intentarían utilizar alguna percepción extrasensorial para detectar su problema y dirigir hacia ella la energía. Después, la persona del grupo que conocía al enfermo confirmaría si las sensaciones relatadas por los integrantes del grupo se correspondían con la realidad. “El resultado fue más satisfactorio, ya que este método despertó el interés en continuar con la actividad como estudio exploratorio”, aclara.

¿Por qué se mueven las mesas? ¿Su movimiento responde verdaderamente a un espíritu u obedece a otras causas? Una posible explicación es que es el resultado de un reflejo miokinético (muscular) no consciente e involuntario que quien está en contacto con la mesa percibe como ajeno pero que en realidad todos producen sinérgicamente. Es decir, es el resultado de la miokinesis grupal distribuida uniformemente entre los participantes. En mi experiencia con las mesas de Curitiba pude comprobar que cada integrante del grupo percibe realmente la sensación de que la mesa se mueve sola, gira sobre sí misma, se desplaza, se levanta sobre una pata, se detiene y continúa moviéndose. Da la impresión de que es la mesa la que se mueve, no el grupo.

Esta ilusión es bastante similar a la que produce el movimiento del vaso durante una ouija, ya se mueva en contacto con las yemas de los dedos de varios participantes o la practique solo una persona. En este último caso la percepción de los desplazamientos es consecuencia de una leve disociación entre el efecto de la mano y la voluntad del operador. La miokinesis ya era conocida a principios del siglo XLX gracias a los experimentos del Marqués de Chevré, un matemático francés: entregaba a una persona una plomada atada a un cordel y le pedía que cerrara los ojos, extendiera el brazo del que pendía la plomada y pensara qué movimiento iba a hacer esta. A los pocos segundos, la plomada comenzaba a describir el movimiento pensado, lo que demostraba que el pensamiento tiene una relación directa con las reacciones musculares de una persona. Otra modalidad de miokinesis es observamos a nosotros mismos cuando estudiamos o rezamos en silencio. Por lo general, durante este discurso interno movemos la lengua y los músculos de la boca o la garganta como si estuviéramos hablando en voz alta. El reflejo miokinético fue estudiado por el psiquiatra español Emilio Mira y López, quien en los años treinta creó el test de diagnóstico miokinético, más conocido como PMK, que se aplica habitualmente a los pilotos.

En 1966 el psicólogo británico Kenneth J. Batcheldor desarrolló 200 sesiones de mesas parlantes a lo largo de otras tantas semanas junto a dos amigos en su casa de Exeter (Reino Unido). Tras once reuniones sin resultados comenzaron los primeros golpes y movimientos, que poco a poco se fueron incrementando hasta que se produjeron levitaciones completas. También se registraron movimientos sin contacto, levitaciones con pesos suplementarios (en una ocasión la mesa se levantó con una persona sentada sobre ella), movimientos de pequeños objetos, brisas y descensos de temperatura inexplicables. Batcheldor creía que la psicokinesis o PK no es privativa de los médiums, sino que cualquier persona puede desarrollarla en condiciones favorables, siempre que se combinen actitudes de serenidad, optimismo, interés, persistencia y solidaridad grupal. Por el contrario, el escepticismo y la resistencia -a menudo inconsciente- a presenciar fenómenos paranormales por un temor irracional e incontrolable son factores negativos a la hora de llevar a cabo este tipo de experiencias.

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Publicado el agosto 15, 2011 en Ouija y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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