El experimento con Philip


El interés por los médium, fantasmas y la comunicación con el mundo de los espíritus no deja de aumentar y las antiguas preguntas siguen en pie: ¿Existen los fantasmas? ¿Pueden las sesiones de ouija hacer venir espíritus del más allá? Si no es así, ¿cómo podremos explicarnos los fenómenos físicos que algunas sesiones generan? ¿Podrían estas manifestaciones ser producidas por gente corriente sin la presencia de un espíritu?

Estas y otras cuestiones fueron planteadas por algunos de los miembros de la Sociedad de Investigación Psíquica de Toronto, una fundación sin ánimo de lucro creada el año 1970 para promover el estudio de las fronteras de la ciencia y dar información sobre ello.

EL EXPERIMENTO CON PHILIP

Para hacer frente a estos temas un grupo de voluntarios de la mencionada sociedad, una porción de ciudadanos normales y corrientes, ninguno de ellos médium, aceptaron reunirse regularmente en una habitación completamente iluminada para ver si podían producir efectos similares a los de una sesión, no mediante la invocación de espíritus para comunicarse con ellos, sino proyectando un pensamiento acordado con anterioridad por los allí presentes.

Se pretendía ver si eran capaces de manifestar un carácter imaginario, y para ello confeccionaron de forma deliberada la biografía de un ser ficticio por completo, al que llamaron Philip.

Esta es su «historia»: Pbilip fue un aristócrata inglés del siglo XVII, católico. Se hallaba en una incómoda situación, pues había dado apoyo al ya derrocado rey católico Carlos 1. Quien ocupaba el poder era Oliver Cromwell. La esposa de Philip, Dorotea, era malvada y utilizó la ideología religiosa de su marido para perjudicarle. Declaró públicamente en su contra, y le hizo casi perder no sólo su reputación sino sus posesiones y su título.

La situación matrimonial empeoró al enamorarse Phihp de Esmeralda, a quien instaló en la casa del guardabosque de su mansión familiar. Cuando Dorotea descubrió el loco amor que por esa joven sentía su marido, la acusó públicamente de bruja y tuvo la gran satisfacción de verla quemar en una pira.

Dicha actuación llenó de desesperación el ya amargado corazón del aristócrata y al cabo de un tiempo no pudo resistir la tentación de tirarse por una de las almenas de su vivienda de Diddington.

Este trágico, pero tonto fantasma, fue la personalidad que el grupo de Toronto intentó conjurar en sus experimentos.

Después de cada uno de ellos los integrantes de la reunión memorizaban la supuesta biografía, que como es de suponer contenía muchísimos más detalles.

Si bien al principio no se obtuvo resultado alguno, se siguieron viendo de forma regular. Al final, acordaron probar otra estratagema, harían una sesión. Después de todo, los fenómenos que esperaban realizar eran frecuentemente obtenidos a través de la tabla. Se mantendrían todas las normas acordadas con anterioridad y se seguiría enfocando la cuestión a través de la biografía ficticia ya desarrollada.

Realizaron la primera sesión.

Alguien acudió, pues se oyeron golpes en la mesa, debajo de las manos de los que se hallaban reunidos. Un golpe significaba SÍ y dos querían decir que NO. Se trataba de Phihip.

Las conversaciones, una vez iniciadas, siguieron durante los siguientes cinco años. El fantasma prefabricado se convirtió en un adepto de los golpes, produciendo una gran variedad de sonidos como respuesta. Incluso desarrolló la habilidad de transportar sus contestaciones a objetos apartados de la mesa desde la que operaban los experimentadores. Uno de estos objetos fue un plato metálico que se hallaba colgado de la pared. Cuando se grabaron dichos ruidos, un análisis electrónico indicó de forma clara que los sones emitidos por Philip eran distintos a los otros registrados en la misma cinta.

El experimento con Philip demostró, para quienes estudiaron el caso, que tanto el «fantasma» como la amplia gama de fenómenos a él asociados eran producto del conocimiento consciente y subconsciente de grupo. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que las respuestas de Philip nunca se desviaban de la lógica impuesta por su presunta biografía. Al tiempo que las conversaciones seguían y Phihip iba contando más detalles de su «historia», lo que explicaba eran siempre extensiones a la vida inventada por el grupo. Su personalidad era más clara, pero siempre en términos de la «existencia» que le había sido creada.

Hay que mencionar el hecho que si el colectivo variaba alguno de los puntos de la vida del «fantasma» éste aceptada el cambio de forma inevitable. Y si el grupo desconocía la respuesta a alguna de las cuestiones, el ente no daba respuesta específica alguna, no sabía qué contestar. Y al igual que los operantes de la tabla, era incapaz de predecir el futuro.

¿Cuáles fueron las conclusiones? Bien, naturalmente la idea de los espíritus y la comunicación con ellos no puede ser nunca rechazada por completo, pero este experimento planteaba que si la gente quiere creer en los espíritus con fuerza y convicción, sus deseos se convertirán en realidad.

Un tiempo más tarde se creó un segundo grupo en la misma sociedad para descubrir si podía duplicarse el experimento original. En menos de cinco semanas de esfuerzo canalizado, el colectivo se estaba comunicando con su personaje imaginario.

Hasta la actualidad la prueba ha sido realizada con éxito docenas de veces en distintas partes del mundo. Uno de los participantes manifestó que con su trabajo se había demostrado la no existencia de espíritu alguno tras las respuestas obtenidas durante la prueba, pero que se trataba de una fuerza desconocida que debía ser investigada.

¿Cómo funciona la materialización de caracteres ficticios? Irish M. Owen y Margaret Sparrow investigaron los procesos y analizaron los resultados en su obra basada en las sesiones con Philip.

La compenetración del grupo parece ser el principal problema —el entendimiento y el énfasis que se desarrolla en el grupo al pasar los miembros una cantidad de tiempo junto—. A medida que aumenta la tensión emocional ésta se libera en telepatía colectiva. Los autores del libro consideraron la validez de dichos experimentos.

Sus descubrimientos mostraban que no se podía afirmar, como hacen muchos, que los fenómenos físicos de la habitación son siempre fraudulentos, porque podrían ser efectos genuinos de psicoquinesia, y el comunicador supuestamente presente podría ser tan imaginario como Philip.

La telepatía parece tener lugar, y existir, entre gente corriente que no tiene habilidades físicas, e incluso a veces entre personas que no parecen creer que ello sea posible.

La tabla de la ouija es un medio de comunicación con el subconsciente colectivo del grupo que opera con ella. Por tanto, hay que reconocer esa naturaleza del conjunto. Por ejemplo, si un mensaje de la ouija sugiere que se debe cambiar de trabajo, hay que pensar detenidamente si uno mismo está satisfecho con el suyo y, si realmente lo desea, entonces puede cambiar. Hay que actuar de forma racional, pero si una vez recibido un mensaje se busca una ocupación distinta a la actual, sin pensar conscientemente que ello es lo deseado, pueden venir los problemas.

Cuando hay varias personas alrededor de la tabla existe un grado de telepatía entre ellas, y quizá se están recibiendo las ansiedades y problemas de uno solo. Por lo tanto, la respuesta obtenida no tiene porqué estar vinculada específicamente con el que ha realizado la cuestión. En otras palabras, y siguiendo con el ejemplo del trabajo, podría muy bien ser que alguien de la sala esté obsesionado con la idea de cambiar de ocupación, y esa angustia se transmita a los demás participantes de la sesión. En el experimento con Philip se dieron cuenta que cuando se obtenía una buena respuesta era cuando había un flash telepático que circulaba por la habitación.

LOS PELIGROS

Gente sin cultura, sin conocimientos sobre la materia, pueden resultar gravemente perjudicados con lo que suceda ante una tabla de ouija. Para una persona madura y reflexiva, interesada en psicología humana, es fascinante ver cómo este proceso se desarrolla. Si se puede ver en la tabla lo que realmente es —un sistema para comunicarse con el subconsciente— resultará de gran ayuda, si se analiza y observa para criticar y conocer las propias angustias. Se trata de que sea uno mismo quien decida lo que pretende, pero siempre deben establecerse unos límites.

El uso de forma inconsciente de automatismos como la ouija puede inducir a psicosis. Esta opinión es compartida por gran cantidad de expertos de todos los países. La psicosis mediumnística es una desintegración que, si bien no hace añicos la psique, sí crea unidades funcionales que actúan de forma más o menos independiente. No es una división ni una partición, sino una especie de liberación de sistemas parciales que justifican la imagen de sucesos aparejados en un organismo multidimensional más que una fisión.

Exista o no predisposición para ello, esta personalidad artificial surge por exposición a automatismos y el uso de ellos. En otras palabras, estos instrumentos físicos juegan un papel funcional en el desarrollo de la psicosis. La psicosis mediumnística es una forma particular de enfermedad que no puede ser justificada en términos de predisposiciones y circunstancias personales. Se podría haber prevenido evitando los automatismos. Si el mecanismo de éstos se entiende como lo que realmente es —la comunicación con el otro yo del operador— los problemas podrían evitarse. Cuando la persona confunde los resultados de sus experiencias con espiritualismo, su psique se vuelve vulnerable a un shock.

Este shock tiene lugar cuando los mensajes recibidos son tomados como extraños a uno mismo e inaccesible al control de forma voluntaria. Hay una tendencia por parte del subconsciente a personificarse. Ello se refuerza porque el inconsciente consiste en un terreno psíquico autónomo y tiene a su disposición el banco de la memoria de la personalidad por completo —mucha más información de la que dispone o a la que puede acceder el ego consciente—. La parte consciente no puede conocer los sucesos almacenados en el subconsciente. Cuando parte de este material pasa la frontera y llega al mundo consciente sobreviene una experiencia que puede ser arrolladora.

Aunque la psicosis mediumnística tiene síntomas en común con las alteraciones histéricas, estas psicosis deben ser distinguidas de los estados esquizofrénicos, mas que considerarlas como una mera subcategoría con matices ocultos. Las alteraciones sufridas por los médium son un estado psíquico transitorio causado por el uso indiscriminado de prácticas espiritualistas y establecidas por el shock afectivo de una mala interpretación de otras prácticas.

La distinción arriba indicada es vital para el diagnóstico. La psicosis mediumnística puede ser curada si se detecta a tiempo.

Hay quien opina que siendo la ouija un sistema para liberar el subconsciente puede utilizarse la tabla para conocer las angustias y obsesiones del paciente tratado de psicosis. Podría ser comparado este sistema al utilizado por Charcot y Breuer durante sus sesiones de hipnosis por magnetismo que les permitieron cosechar innumerables éxitos en el terreno de las enfermedades mentales.

Deben utilizarse estos sistemas con mucho cuidado, pues al contrario del puesto en práctica por los dos franceses, el que necesita la tabla de la ouija es llevado a cabo en estado consciente por parte del enfermo, y ello puede llegar a distorsionar las respuestas.

Sea lo que sea aquello que mueve el master del tablero de la ouija, es decir, el subconsciente, para unos, o los espíritus, para otros, no podemos dejar de advertir a nuestros lectores que el uso indiscriminado de este método puede ser altamente perjudicial para la mente del operador.

Fuente aquí

Acerca de la Tabla Parlante

Este blog contiene información variada sobre la tabla Ouija, aunque procuramos citar siempre las fuentes, si encuentras que la información mostrada aquí te pertenece y deseas que sea retirada o modificada, tan sólo debes escribir un correo a latablaparlante@hotmail.com

Publicado el diciembre 1, 2009 en Investigación, Ouija y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. No tiene ningun peligro este instrumento, todos sus supuestos peligros han sido creados por la reputación que tiene y el efecto ideomotor que produce la interacción del pulso de los participantes que hace parecer que se mueve solo.

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